La historia de Emma, una beba de siete meses oriunda de Gualeguaychú, vuelve a exponer de manera cruda las deudas históricas del sistema sanitario federal e institucional. Diagnosticada desde su nacimiento con una miocardiopatía dilatada severa, la pequeña será sometida el próximo 22 de septiembre a una inédita cirugía cardíaca a corazón abierto en el Hospital Garrahan de Buenos Aires, en lo que representa un intento desesperado por postergar o evitar un trasplante de órgano.
El procedimiento —conocido como cerclaje de la arteria pulmonar— es una práctica habitual en malformaciones congénitas, pero resulta totalmente pionero en Argentina para casos de miocardiopatía dilatada. La intervención busca ajustar la presión del lado derecho del corazón para forzar y estimular el funcionamiento del ventrículo izquierdo. Aunque médicos del Garrahan respaldan la estrategia basada en experiencias de Norteamérica y Alemania, la intervención implica un posoperatorio de altísimo riesgo y no garantiza una cura definitiva, sino ganar tiempo vital.
Más allá del desafío quirúrgico y del indudable profesionalismo del equipo médico, el caso vuelve a desnudar la encrucijada socioeconómica que acorrala a los pacientes del interior provincial. Mientras la salud de Emma pende de un hilo en la capital nacional, sus padres deben afrontar costos desmedidos de alojamiento, traslado y manutención en un contexto familiar atravesado por complicaciones laborales y de salud. La solidaridad de la comunidad de Entre Ríos vuelve a ser el único sostén para tapar la falta de contención estructural que sufren las familias obligadas a realizar derivaciones médicas de alta complejidad.
