Un nuevo y devastador informe de la Misión Internacional Independiente de Investigación de la ONU ha puesto en evidencia la escalada del conflicto geopolítico que sacude a Oriente Medio, señalando que la población civil iraní se encuentra trágicamente acorralada entre la violencia de su propio régimen y las incursiones militares de potencias extranjeras.
Según las conclusiones vertidas por los expertos del organismo internacional, existen «motivos razonables para creer» que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cometieron crímenes de guerra durante las operaciones con misiles lanzadas el pasado 28 de febrero. El informe responsabiliza a las fuerzas norteamericanas por dos ataques calificados como indiscriminados: el impacto de misiles Tomahawk sobre la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en Minab —que dejó 156 muertos, entre ellos 120 niños—, y el despliegue de proyectiles de precisión PrSM sobre un complejo residencial y deportivo en Lamerd, que se cobró la vida de otros 21 civiles. Washington ha desestimado las acusaciones y sostiene que el informe carece de credibilidad, mientras afirma mantener bajo revisión interna lo ocurrido en Minab.
De forma paralela, la ONU denunció que las autoridades del régimen iraní incurrieron en crímenes de lesa humanidad para sofocar las masivas protestas antigubernamentales registradas a comienzos de año. El documento detalla un despliegue de violencia estatal «a una escala extraordinaria y sin precedentes», caracterizado por ejecuciones sumarias, uso sistemático de armas de asalto desde azoteas contra la multitud, torturas en centros de detención y el posterior uso de la pena de muerte contra los manifestantes arrestados. Aunque Teherán niega las violaciones sistemáticas, organismos de derechos humanos estiman que las cifras reales de civiles asesinados por la represión oficial superarían las 7.000 víctimas.
