Frente a la escasez de políticas públicas efectivas para la inserción laboral de personas con neurodivergencias, la autogestión familiar vuelve a quedar en evidencia. Desde Villa San Marcial, en el departamento Uruguay, Eduardo Viera impulsa junto a su hijo Lautaro, de 19 años y diagnosticado con TDAH, el proyecto «Rutas Inclusivas». La iniciativa busca adquirir un camión de cargas generales que funcione simultáneamente como aula itinerante para generar trabajo genuino, concientizar sobre la condición del joven y capacitarlo en el rubro logístico.
La propuesta surge como respuesta directa a la incertidumbre sobre la autonomía futura de Lautaro, apasionado desde la infancia por los vehículos de gran porte. La estructura ideada plantea incorporar un chofer-instructor que guíe al joven tanto en la operatividad comercial de los fletes como en la gestión administrativa. Además, el proyecto contempla que el vehículo recorra distintas localidades entrerrianas visitando escuelas e instituciones para visibilizar el TDAH, la prevención de adicciones y las alternativas de inclusión desde una perspectiva familiar directa.
Sin embargo, el principal obstáculo vuelve a ser el acceso al crédito e inversión en el sector productivo social. Pese a ofrecer el destino del 30% de cada flete para el pago de la unidad y barajar alternativas como la solicitud de vehículos bajo custodia judicial o financiamiento privado, el proyecto no cuenta aún con el respaldo de entidades crediticias estatales como el Banco Nación ni de firmas comerciales. El caso expone las severas dificultades que enfrentan los emprendedores locales para convertir iniciativas de inclusión real en unidades económicas sostenibles.
