A pesar de que las crecidas en los ríos vinculadas al fenómeno de El Niño permitieron un importante repunte en la generación hidroeléctrica en la Argentina —lo que desplaza la costosa quema de combustibles fósiles en centrales térmicas—, este alivio en el mercado mayorista no se trasladará de forma directa a las tarifas que abonan los hogares. Una vez más, la brecha entre los costos de producción y lo que efectivamente paga el consumidor final pone en evidencia la compleja estructura del sistema energético nacional.
Según el último informe del Monitor Eléctrico de la consultora RICSA, la producción de las grandes centrales hidroeléctricas creció un 31,8% interanual en septiembre de 2026, alcanzando los 3.508 GWh frente a los 2.662 GWh registrados en el mismo período del año anterior. Esta mayor disponibilidad hídrica en cuencas clave como la del río Paraná permitió reducir un 11,6% el uso de generación térmica a base de gas y gasoil, provocando un desplome del 42,9% mensual en el precio spot de la energía mayorista, que pasó de US$ 157,9 a US$ 90,1 por MWh.
Asimismo, el costo marginal de operación cayó un 55,9% en el mes, situándose en US$ 62,2 por MWh, todo esto dentro de un escenario en el que la demanda eléctrica nacional aumentó un 5,4% interanual.
Sin embargo, esta significativa baja en los costos de generación no implica un descuento directo en las boletas domiciliarias. El impacto inmediato de esta reducción de costos fue absorbido por el Estado para recortar la cuenta de subsidios: mientras que en agosto los usuarios residenciales cubrían en promedio el 57% del costo real de generación, en septiembre esa cobertura trepó al 74%, reduciendo el aporte estatal al 26%. Dado que los usuarios finales abonan un precio estacional fijado por la Secretaría de Energía —el cual acumula un incremento interanual superior al 58%—, el ahorro derivado de la abundancia de agua servirá para aliviar el déficit fiscal antes que el bolsillo de los consumidores.
