El evento histórico que marcará el retiro definitivo de Lionel Messi de la Selección Argentina en el Estadio Monumental encendió la indignación del público por el condicionamiento de los clubes europeos. A pesar de la iniciativa de la AFA para convocar a la totalidad del plantel que alcanzó la gloria en el Mundial 2022, la rígida postura de los grupos empresariales extranjeros y el apretado calendario internacional impidieron la presencia de varias figuras claves que formaron parte de la hazaña histórica.
Las trabas impuestas por instituciones como la Roma —que denegó la cesión de Nahuel Molina y Paulo Dybala bajo la excusa de compromisos deportivos y desgaste logístico— evidencian la supremacía de los intereses de las corporaciones privadas sobre el sentimiento del hincha. A estas bajas se suman las de Alejandro «Papu» Gómez y Franco Armani, condicionados por los compromisos oficiales de sus respectivos clubes en el exterior, junto al caso de Juan Foyth, frenado por lesión en España.
Pese a los boicots operativos de las ligas internacionales, la movilización popular y el compromiso del núcleo duro del plantel nacional garantizarán la presencia de referentes de la talla de Ángel Di María, Nicolás Otamendi y Rodrigo De Paul. El tributo al máximo ícono del fútbol argentino trasciende las restricciones burocráticas y vuelve a poner en debate el control absoluto que ejercen las potencias económicas sobre los atletas y las manifestaciones culturales de los pueblos.
