El capital financiero volvió a mostrar su clara preferencia ideológica tras conocerse los resultados de los comicios presidenciales en Brasil. Las principales acciones de las corporaciones brasileñas registraron saltos de hasta el 15% en Wall Street, mientras que el índice Bovespa de la Bolsa de San Pablo escaló un 8% y el real se apreció un 1,4% frente al dólar. Esta reacción eufórica del mercado se desencadenó luego de que el senador Flávio Bolsonaro obtuviera el 47% de los votos en la primera vuelta, superando las proyecciones de las encuestas privadas y relegando al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, al segundo lugar con el 45%.
Detrás del desmedido entusiasmo del sector bursátil y bancario —encabezado por alzas extraordinarias en entidades como Bradesco, Itaú y la petrolera estatal Petrobras— se esconde la exigencia de los grandes fondos de inversión por imponer un severo ajuste fiscal. Los analistas internacionales y los administradores de activos no ocultaron su satisfacción ante el escenario de segunda vuelta, interpretando que el avance de la extrema derecha abre la puerta a recortes masivos en el gasto público, reducción de programas sociales y una flexibilización de la economía al servicio de los mercados, en detrimento de la inversión estatal que sostiene a los sectores más vulnerables.
Sin embargo, el escenario político de cara al balotaje que se celebrará a finales de este mes se encuentra atravesado por profundas contradicciones y severos escándalos de corrupción que salpican a los candidatos. Mientras el mercado celebra la consolidación de la derecha en el Congreso y en las gobernaciones estatales, la figura de Flávio Bolsonaro carga con investigaciones por presunto lavado de dinero vinculado al sonado fraude multimillonario del Banco Master, además de las sombras de injerencia geopolítica externa y el antecedente de su padre, Jair Bolsonaro, condenado a 27 años por intentar un golpe de Estado.
