Durante la misa central de la tradicional Peregrinación a Luján, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lanzó un severo pronunciamiento sobre la coyuntura socioeconómica del país. Ante una multitud de fieles, el religioso advirtió sobre la consolidación de un clima de intolerancia, desprecio e indiferencia, llamando con urgencia a construir la unidad nacional e interpelando el rol de la dirigencia frente a la marcada polarización política y social que atraviesa la Argentina.
El arzobispo instó a dirigir la mirada y los recursos hacia los sectores golpeados por la crisis: jubilados, personas con discapacidad, desempleados, familias en situación de calle y jóvenes atrapados por las adicciones. En su homilía, cuestionó con dureza la naturalización del odio en las relaciones sociales cotidianas y la práctica sistemática de descalificar a quien piensa diferente, señalando que la falta de diálogo y el desprecio hacia el sufriente impiden cualquier horizonte de reconstrucción colectiva.
El mensaje de la cúpula eclesiástica se da en la antesala de la visita del papa León XIV, trazando un diagnóstico lapidario del escenario que encontrará el Pontífice. García Cuerva definió al país como una nación «herida y dividida» por una grieta estructural que perpetúa la pobreza desde hace décadas, recordando que las promesas históricas de desarrollo continúan incumplidas mientras amplias franjas de la población sobreviven en condiciones de extrema vulnerabilidad.
