El mercado laboral formal en Argentina atraviesa una profunda contracción que exige respuestas urgentes por parte de la conducción económica. De acuerdo con el último informe oficial de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, en los últimos doce meses se destruyeron 136.500 puestos de trabajo registrados. Solamente durante julio se registraron 26.600 bajas netas, dejando el total de trabajadores formales en 12,7 millones de personas y consolidando una sangría laboral que no encuentra piso.
El segmento más golpeado por la recesión es el empleo asalariado privado, que sufrió un descenso interanual del 2,2%, traducido en la pérdida directa de 134.500 operarios en empresas e industrias. Si bien el trabajo independiente bajo la modalidad de monotributo mostró un incremento del 2,7% (58.800 nuevos aportantes), este fenómeno no compensa el deterioro del empleo de calidad, evidenciando más bien una precarización del universo laboral donde también cayeron los autónomos y monotributistas sociales.
Al analizar el desempeño sectorial, la construcción encabeza el desplome mensual con una retracción del 0,6%, seguida por reducciones sostenidas en actividades clave como la industria manufacturera, el comercio, el transporte y la gastronomía. El informe oficial reconoce que la destrucción del empleo privado mantiene un sesgo negativo persistente desde fines de 2023, acumulando una pérdida de 579.300 puestos formales en tres años e impactando de lleno en el entramado social de todas las provincias.
