La historia de Betsabé Páez trasciende los límites del mérito deportivo para convertirse en una cruda denuncia sobre el desamparo dirigencial y las severas falencias del sistema de salud público en Entre Ríos. A los 33 años, la atleta oriunda de Crespo se clasificó para disputar este viernes la prueba de salto en alto en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 tras alcanzar una marca histórica de 1,86 metros. Sin embargo, detrás de este logro se oculta un periplo de seis años marcado por ocho intervenciones quirúrgicas, abandono oficial y el riesgo real de amputación.
El calvario comenzó en 2020 con una severa lesión de tobillo y la posterior rotura de ligamentos en su pierna izquierda. En medio de las restricciones por la pandemia y con el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) cerrado, Páez debió realizar la rehabilitación a distancia. Las complicaciones se agravaron con una segunda operación en Rosario para retirar un elemento metálico bajo la rótula, instancia en la que contrajo una bacteria hospitalaria que derivó en una septicemia crítica.
Desidia médica y desprotección dirigencial
Ante la imposibilidad económica de costear un sanatorio privado —a pesar de las colectas realizadas por familiares y amigos—, la deportista debió ser derivada al sistema público. Su paso por el Hospital San Martín de Paraná dejó al descubierto condiciones asistenciales extremadamente precarias: internación en sectores impropios del subsuelo, graves errores en la administración de medicación y una profunda falta de contención institucional que la llevó a atravesar cuadros severos de depresión.
Sin cobertura de obra social ni respaldo de los organismos deportivos durante el tramo más crítico de la infección, el cuerpo médico evaluó en reiteradas oportunidades la amputación de la extremidad. La contención familiar y una posterior cirugía de limpieza permitieron que el tratamiento con antibióticos finalmente surtiera efecto, iniciando un lento proceso de recuperación física y emocional.
Tras superar años de inactividad, la entrerriana retomó los entrenamientos por cuenta propia. Su registro de 1,86 metros no solo quebró su récord personal, sino que la devolvió a la selección nacional. Este viernes a las 18:00, Páez competirá por una medalla en la cita suramericana, dejando al descubierto la resiliencia individual frente a un sistema que le soltó la mano.
