La permeabilidad del sistema penitenciario y la audacia del crimen organizado sumaron un nuevo capítulo en la provincia. Una investigación iniciada en la Unidad Penal N° 8 de Federal concluyó con la detención e incomunicación de tres mujeres en Paraná, acusadas de integrar una red de narcomenudeo que utilizaba los servicios de transporte de pasajeros para vulnerar los controles carcelarios e ingresar estupefacientes a los pabellones. El hecho pone de manifiesto cómo el negocio del microtráfico sigue operando con fluidez entre la capital provincial y el interior, burlando la seguridad de las instituciones estatales.
El entramado delictivo comenzó a desmoronarse a finales de julio, cuando guardiacárceles detectaron dosis de cocaína y marihuana ocultas dentro de un par de zapatillas enviado a través de una encomienda de mini bus a nombre de un interno. Las actuaciones conducidas por la fiscalía de Federal permitieron determinar que no se trataba de un episodio aislado, sino de una maniobra coordinada mediante transacciones virtuales y puntos de despacho en la vía pública paranaense. A pesar de las alertas operativas, la estructura continuó funcionando de forma recurrente hasta que las pruebas acumularon la contundencia necesaria para solicitar medidas de allanamiento.
El despliegue judicial ejecutado en la capital entrerriana permitió incautar más de cien envoltorios de cocaína fraccionados para la venta, sumas de dinero en efectivo y equipos informáticos que comprometen directamente a las acusadas. Si bien la policía celebró el operativo como un golpe al narcomenudeo, la recurrencia de estos métodos expone graves interrogantes sobre la falta de prevención en las terminales de transporte y las fallas en los filtros de ingreso a las unidades penales. La causa deja al descubierto cómo la venta de estupefacientes mantiene un canal activo hacia el interior de los penales frente a la mirada de las autoridades.
