El fin de semana volvió a dejar al descubierto la situación de vulnerabilidad y los peligros latentes en las zonas residenciales de la capital provincial. En calle Vives, personal policial y dotaciones de bomberos debieron intervenir ante un voraz incendio desatado en una vivienda de material. Si bien no se registraron víctimas fatales debido a la ausencia de sus moradores al momento del siniestro, las pérdidas materiales fueron totales, encendiendo nuevamente las alarmas sobre las condiciones de seguridad edilicia en la ciudad.
Este hecho se suma al grave episodio registrado horas antes en la calle Gobernador Emilio Duportal, en el barrio Libertad, donde los Bomberos Voluntarios debieron rescatar de urgencia a un adulto mayor de 80 años atrapado por el fuego. El foco ígneo, según las primeras hipótesis, se habría originado en la planta alta por el descuido con un artefacto doméstico. Ambos episodios ponen de relieve la urgencia de profundizar los peritajes oficiales, pero sobre todo exponen la falta de campañas estatales efectivas sobre prevención de riesgos en el hogar y asistencia preventiva a sectores vulnerables.
La reiteración de estos siniestros no puede abordarse como meros accidentes aislados, sino como el reflejo de un problema estructural que involucra la falta de infraestructura adecuada y la ausencia de controles de seguridad en las fincas de la ciudad. Mientras las pericias judiciales buscan determinar los orígenes exactos de las llamas, la respuesta oficial sigue limitándose a la actuación de los bomberos cuando el desastre ya es inevitable, postergando discusiones de fondo sobre la seguridad habitacional y la contención a los adultos mayores.
