Entre febrero y septiembre de 2026, los precios de la nafta y el gasoil en Argentina experimentaron una fuerte escalada en dólares de un 16% y un 20% respectivamente, superando de forma pronunciada los promedios registrados en América Latina. Según un informe de la consultora Economía & Energía, la suba regional se posicionó en un 9% para las naftas y en un 15% para el gasoil, en un marco internacional convulsionado por el encarecimiento global del petróleo a raíz de los conflictos bélicos en Medio Oriente.
A pesar de que el Gobierno nacional resolvió postergar las actualizaciones de los impuestos a los combustibles para amortiguar el traslado a los surtidores —lo que representó una resignación fiscal superior a los 1.200 millones de dólares—, la brecha con otros países del continente resultó notoria. Naciones como Brasil, México, Chile y Colombia recurrieron a esquemas de intervención directa, subsidios cruzados y mecanismos de estabilización tributaria mucho más agresivos para contener la volatilidad de los precios en las estaciones de servicio.
En el plano local, el relevamiento evidenció además una marcada disparidad entre las petroleras. YPF aplicó los menores ajustes del mercado en comparación con competidoras privadas como Shell, Axion y Puma, lo que le permitió incrementar su cuota de mercado y concentrar más del 56% de las ventas nacionales de nafta y un 57% en gasoil. Sin embargo, la devaluación acumulada y el alza internacional del crudo Brent mantuvieron la presión sobre los costos energéticos en todo el país.
