Una incursión aérea sin precedentes sacudió el corazón del poder ruso en el tramo final de las elecciones parlamentarias. La capital rusa y sus regiones periféricas fueron blanco del mayor ataque con vehículos aéreos no tripulados registrado desde el inicio del conflicto en 2022. Más de mil drones lanzados por las fuerzas armadas ucranianas impactaron contra infraestructura estratégica —entre ellas la refinería Gazpromneft-Moscú—, dejando un saldo confirmado de al menos dos muertos y una veintena de heridos, en una clara demostración de alcance operativo destinada a golpear los recursos logísticos y financieros del Kremlin.
El alcalde moscovita, Sergei Sobyanin, atribuyó la ofensiva a un intento deliberado por desestabilizar la jornada electoral, la primera realizada tras el inicio de la invasión y que incluyó comicios en las regiones ucranianas anexadas por Moscú. Sin embargo, desde Kiev, el presidente Volodymyr Zelensky justificó los bombardeos sobre la refinería de Kapotnya al calificarla como un centro neurálgico que financia la maquinaria de guerra rusa.
El despliegue militar expone los siguientes puntos críticos en la escalada del conflicto:
- Saturación y daños en la capital: El Ministerio de Defensa ruso reportó la interceptación de más de 1.100 drones a escala nacional, mientras que las autoridades locales admitieron que al menos 450 unidades se dirigieron hacia la región moscovita, logrando impactar instalaciones petroleras y edificaciones residenciales.
- Golpe al corazón energético: La Refinería de Petróleo Gazpromneft-Moscú, una de las más importantes del país por su volumen de procesamiento, sufrió incendios de gravedad que afectan el suministro de combustibles en la región central.
- Respuesta armada cruzada: En simultáneo con la incursión sobre Moscú, el ejército ruso mantuvo sus bombardeos sobre Kiev y otras ciudades ucranianas, utilizando más de 2.000 drones y 1.700 bombas aéreas en la última semana, cobrándose la vida de civiles en la capital ucraniana.
El masivo ataque demuestra la capacidad de Ucrania para golpear objetivos estratégicos en la retaguardia enemiga en momentos de alta carga política para el Kremlin, consolidando una fase del enfrentamiento donde la guerra de desgaste sobre las infraestructuras energéticas amenaza con prolongar indefinidamente la inestabilidad en Europa Oriental.
