En medio de un clima de creciente tirantez diplomática entre Argentina y Chile, las declaraciones del ministro de Vivienda y Urbanismo chileno, Iván Poduje, encendieron una nueva polémica tras cuestionar severamente la cordura del presidente Javier Milei. Durante un foro empresarial en Santiago de Chile, el funcionario del gobierno de José Antonio Kast fustigó la política de parálisis absoluta de la inversión estatal en infraestructura implementada por la Casa Rosada. No obstante, la intempestiva agresión verbal obligó al ministro trasandino a emitir horas después un pedido de disculpas públicas para frenar un descalabro en las relaciones bilaterales.
Durante su alocución, Poduje defendió el rol estratégico de la obra pública como motor dinamizador de la economía regional y criticó a quienes desestiman la intervención estatal por meros dogmas ideológicos. Al referirse al modelo económico argentino, el funcionario trasandino calificó como una «tontera» el rechazo a los programas de infraestructura y remarcó que las obras recortan costos logísticos claves para el desarrollo productivo. Si bien admitió los históricos problemas de corrupción en los contratos públicos argentinos, enfatizó que tales irregularidades no justifican el desmantelamiento total de las concesiones y el freno del crecimiento.
La retractación del ministro chileno vía redes sociales expone la fragilidad de la agenda exterior entre ambas naciones, atravesada por recientes disputas de soberanía en el Estrecho de Magallanes y tensiones en la zona de las Islas Malvinas. Este exabrupto pone en evidencia la liviandad con la que altos funcionarios regionales abordan el debate económico, pasando del insulto personal al repliegue formal. Mientras las diplomacias intentan paños fríos sobre el incidente, el debate de fondo refleja los contrapuestos modelos de desarrollo que hoy dividen las estrategias productivas en el Cono Sur.
